Nos hicieron creer que todo sería mejor

Por Ricardo Bustos

Cuando era niño, todos hablaban del futuro, de algo que iba a cambiar nuestras vidas

Si este es el futuro hoy, prefiero mí feliz pasado en Argentina. Teníamos la ilusión de esperar al cartero, nos gustaba mucho ir a la Escuela porque «la Maestra» enseñaba sin participar en política ideológica o de género, respetabamos a los mayores y las autoridades. Se hacía lo que se podía con lo que teníamos.

Siempre hubo ricos y pobres, ahora millones de pobres quieren vivir como ricos sin trabajar.

Sin dudas, a pesar de no tener celulares, computadoras, internet y en muchos casos ni heladeras o lavarropas, mil veces prefiero mí época de infancia.

Muchos Psicólogos, amparados en la lógica, nos dicen que retrocedemos cuando algo no funciona bien en nuestro presente, pero nuestra lógica, está mirando la realidad de una vida que no es aquella que en pos del futuro, sería promisorio destino para un bien común.

En su libro «Retrotopía (2017), el Sociólogo y Filósofo Zygmunt Bauman, habla de la caída de las útopías, de la pérdida de fe ante la idea de que alcanzaríamos cierta felicidad y bienestar en un futuro idílico y de la nostalgia por un pasado que siempre fué mejor.

Algo quedó en la nebulosa desde aquel pasado feliz a este presente incierto. Nadie nos dijo que seríamos muchos millones mas de almas flotando en este espacio con cuerpos humanos que ocupan mas lugar que el admisible. Nos prometieron felicidad con la misma cantidad de Hospitales, alimentos, seguridad, trabajo, convivencia entre gobernantes y respeto a las identidades y las libres determinaciones.

Nada de eso ocurrió y hoy nos llevamos por delante todos con todos sin siquiera saber el motivo de nuestros apuros.

Amanece cada día en nuestras vidas y como ciervos autómatas de un Dios, que no conocemos ni sabemos que forma tiene, afrontamos con hidalguía, la noble tarea de procurar un lugar en la porción de tierra que nos asignaron, que por otra parte, nos cobran.

Nos proveen de energía eléctrica y también pagamos, consumimos gas o leña para cocinar y calefaccionarnos en invierno y, sabiendo que viene del vientre de la tierra o los árboles, también lo abonamos.

Estudiamos materias que nunca nos van a servir para nada y nos alejan de aquellas que pueden abrirnos las puertas para un mejor sustento.

Nos obligan a elegir en elecciones (que dicen son transparentes) a un candidato que, generalmente, tiene mucha menos instrucción que la mayoría de nosotros, simples mortales.

Hoy vemos con asombro que quienes deben velar por nosotros y administrar los bienes del estado, no saben pronunciar dos oraciones seguidas en un discurso de barrio. Ausencia total de estética y ni hablar de ética.

Ahora se confunde a un gobernante con el hombre que sale de la zafra todo transpirado porque en su afán de hacer creer a quien los votó, que todos somos iguales, se convierten en pordioseros impresentables con escritorios de madera Noruega y autos de alta gama.

Quizá, en mi infancia, todo esto también ocurría, pero sabían como hacerlo. Hoy nos provocan en la cara y encima se enojan.

América Latina sangra de pena y dolor y todos anhelamos aquel tiempo de la humildad y pobreza digna, donde se hacía lo que se podía cuando se podía, pero no estaba en juego nuestra felicidad, cuando no sabíamos de dolar o bonos y planes sociales porque el trabajo si que era importante.

Hoy mas que nunca recuerdo aquel tiempo en el que mi abuelo Antonio, el Calabres de ojos celestes que en su Italia natal era agricultor y la guerra lo trajo a estas tierras para que aprenda a ser un digno albañil y a mi Abuela Isabel, que trabajaba como Mucama en el Hospital San Juan de Dios, de la ciudad de La Plata y se jubiló siendo enfermera.

Soy un eterno agradecido a las nuevas tecnologías que han sumado una importante cuota de conocimiento en todo orden de nuestras vidas, pero también soy enemigo de aquello que idiotizó a la mayoría de los que forman parte de las nuevas generaciones, «desperdiciando tiempo y capacidad intelectual al utilizar un celular como medio de entretenimiento y no de conocimiento».

«Quienes creen que el dinero lo hace todo… terminan haciendo todo por dinero», (Voltaire)

El autor es: Locutor Nacional-Comunicador
Capiovi, Misiones, Argentina
DNI 7788556

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